God save las series teen británicas


En este artículo pensé en hablar sobre uno de los mayores placeres culpable de los consumidores de series actuales: las series de adolescentes. Sobre adolescentes. Teen. Lo que sea.

Pensé en hablar de Gossip Girl, Física o Química y series de ese tipo con el fin de escribir un artículo que las pusiera verdes y al mismo tiempo las adulase como canónicas que son. Pero me encontré con todas las series teen británicas que había visto. Y recordé lo realmente buenas que son.  Así que esto va a acabar siendo un artículo más intenso de lo que pensaba, una oda a los y las creadoras británicas de series sobre adolescentes. Son la caña. Los británicos conocen a los adolescentes aunque históricamente hayan sido los primeros en hacerles la vida imposible ―por algo el punk comienza en Reino Unido―.


The End Of The F***ing World

Empecemos con una de las más actuales. Dos adolescentes desquiciados, un roadtrip y una propuesta formal de lo más original ―dentro del formato Netflix―. Está basada en el cómic de Charles Forsman y es una locura. Tiene dos aspectos que ―creo― la hacen especial.

Uno es la dirección actoral; en el universo de esta serie, los adultos interpretan teatralmente, dramáticos, exagerados. Todo lo viven de la forma más intensa, exacto, como si fueran adolescentes. Y son los adolescentes, sobre todo Alyssa y James, los que hacen acopio de una sobriedad interpretativa que implantan en sus rostros y sus gestos, reservándose el drama para contadas ocasiones. El otro aspecto que destacaría es el roadtrip, un recurso miles de veces utilizado ―sobre todo desde el On the road de Kerouac― pero que en la serie se vuelve fundamental. James y Alyssa no viajan a grandes lugares, son dos Bonnie and Clyde desamparados que intentan encontrar en el camino algo que les sujete, que les ancle.

Ah, y hace un uso de la voz en off fantástico. Queridxs creadorxs del audiovisual, la voz en off así, sí. A pesar de haber estrenado una segunda temporada bastante templadita, la serie entera merece la pena. Pero la primera temporada es una joya. Justo al contrario que Fleabag, pero de eso ya hablaré en otro artículo seguramente. Está en Netflix, vedla.

My Mad Fat Diary

Nos vamos al año 2013, cuando algunxs de nosotrxs aún éramos un poco adolescentes y tenía más sentido que consumiéramos estas series. My Mad Fat Diary es otra adaptación, esta vez de una novela autobiográfica de Rae Earl.

No hay misterio, el título de la serie es muy claro: trata de una chica con sobrepeso que acaba de salir de un centro psiquiátrico y vuelve a la vida en el instituto en la pequeña ciudad de Stamford. Está ambientada a mediados de los noventa ―la banda sonora es brillante―. De la serie ha salido Jodie Comer, una actriz increíble ―ahora es la asesina en Killing Eve―, y la protagonista Sharon Rooney, otra joyita interpretativa.

My Mad Fat Diary visibiliza varias cuestiones muy necesarias como lo son las enfermedades mentales o los trastornos alimenticios. Además es divertida, triste, radical, delicada. Es fácil sentirse bastante identificadx con cualquiera de los personajes, pero sobre todo con Rae y su mejor amiga. Cuidado, los últimos capítulos están hechos para que llores hasta la deshidratación.


Misfits

Vamos un poco más atrás. Año 2009, surgen dos monstruos fabulosos: uno es Lady Gaga y otro es Misfits, una serie adolescente con una premisa original, un tono claro y unos personajes muy bien construidos. Unos jóvenes que están cumpliendo condena haciendo trabajos comunitarios son golpeados por un rayo una noche de tormenta. Al día siguiente, cada uno de ellos ha adquirido un súper poder diferente asociado a lo que más desea cada uno ―pero con una vuelta de tuerca―. 

Misfits mezcla realismo, drama, comedia y ciencia ficción perfectamente, los personajes mantienen un arco de desarrollo interesante y los diálogos y tramas enganchan muchísimo. Ambientada sobre todo en barrios periféricos, estos adolescentes problemáticos se ven obligados a vivir una extraña aventura. En cada capítulo se trata un caso en el que deben enfrentarse o ayudar a otro personaje que también ha sufrido los efectos de la tormenta mientras que las tramas maestras siguen avanzando y mezclándose con los casos.

Además de tener una de las mejores intros de la historia de las series ―debería estar en el top 5 junto con la de Mad Men y The Leftovers―, mantiene una de las mejores y más tristes tramas románticas que he visto en ninguna serie adolescente ―Alisha y Simon, *emoji de corazón roto*―. La serie pierde fuelle a partir de la tercera temporada, pero esas tres primeras son de obligado visionado para los fans de series teen, y muy en particular para los fans de la serie que voy a reseñar a continuación.

SKINS

Esta serie no debería necesitar ningún tipo de introducción. Es la reina de las series adolescentes, la inigualable, la única. Comienza a emitirse en el año 2007 y tiene muchísima audiencia. Su género es el drama y su sinopsis, la más sencilla: la vida de un grupo de adolescentes de Bristol.  Por la serie pasan tres generaciones de personajes con dos temporadas por generación. El género oficial es el drama, aunque hay atisbos cómicos de vez en cuando, incluso algún momento caprichoso pero interesante de realismo mágico.

En mi caso, comencé a verla cuando ya iban por la segunda generación, pero supongo que una vez terminada la segunda temporada ―primera generación― algunos de los pensamientos de los espectadores que la fueron viendo al día fue “ya está, no pueden hacerlo mejor, no necesito más, habéis alcanzado la perfección”. Pero entonces llegó la segunda generación. Y fue una barbaridad. La tercera generación ha sido muy criticada, y la verdad es que era bastante complicado mantener el ritmo y la intensidad de las dos primeras generaciones, pero es mejor que la cuarta de Misfits, por ejemplo.

De los capítulos sueltos que emitieron años después como “conclusión” para algunos de los personajes mejor no hablamos. No son malos, pero duelen. Esos personajes debían haberse quedado ahí, finalizando el instituto, a las puertas de un futuro incierto. No eran necesarios, pero al menos no devalúan el atractivo de la serie.

No quiero explayarme mucho con Skins porque es algo que no se puede explicar con palabras, y sí, sé que estoy exagerando y quizá sea porque cuando has visto una serie que retrata tan bien a unos adolescentes descarriados al mismo tiempo que tú misma estabas siendo una adolescente imposible ―como casi todos los adolescentes―, la emoción no te deja ser del todo objetiva.

Skins nos ha dejado personajes increíbles como Effy, Cassie, Cook ―“I AM COOK!”―, Naomi, Emily... No sé si funcionaría en espectadores de veintipocos años, pero sí es cierto que lo mejor es visualizarla antes; aunque se trata de una serie sobresaliente por sí misma, la recepción en la pubertad es más pura, más emocional. Skins fue una brutalidad, un soplo de aire fresco, una sacudida, una fina caricia. Skins es la reina y siempre lo será.

Alba Menor









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