Tu amigo Godzilla


¡Hola!
Hace varias semanas ya, mi marido se enganchó a las películas de Godzilla. Sí, Godzilla, ese monstruo grande con cara de querer ir al McDonalds a comer. Vimos varias películas de las originales de Japón. Yo, como fan de las cosas absurdas, me fliparon las pelis. ¿Sabíais que en las primeras versiones, para interpretar a Godzilla, necesitaban un deportista de élite y que sólo aguantaba 10 minutos con el disfraz puesto porque se deshidrataba? ¿No? Pues sigue leyendo, y te cuento cuatro tontás más que igual te interesan.

Una de las películas que vi era la versión americana. Chirriaba un montón y no sabía por qué. Resulta que algunas versiones de las películas japonesas fueron reeditadas en EE.UU., más allá del muro. En estas versiones eliminaron gran parte del humor que caracterizaban a las películas Kaiju, es decir, las películas de monstruos extraños. (Sí, en Japón tienen nombre para este subgénero. Están tan adelantados…). A diferencia de la primera película, que luego os hablaré de ella, el resto de las películas de Godzilla tienen unos villanos que rozan lo patético. Se sabe que uno va a ser un villano cuando, después de decir “Esto va a reventar todo Tokio” se ríen durante un minuto entero a pleno pulmón. Fantasía en estado puro. La cosa es que a la américa de Nixon, destrozar un país entero a través del veneno de una polilla gigante no le parecía como para tomárselo a broma. Caprichosillo el destino. La cosa es que a día de hoy encontrar las pelis sin el filtro EE.UU. es complicado. Pero os juro que las originales merecen más la pena. Aunque sea por las jajas.

Otra cosilla que os quería comentar es el nacimiento de Godzilla. Resulta que en la primera película de Godzilla hacen una referencia directa con la bomba de Hiroshima. El monstruo feo y grande parece nacer de una mutación. Es el hijo de un dinosaurio y la radiación. Para que luego me hablen de familias desestructuradas. Lo que más me impactó de ello no era la bomba, que impactar, impactó, todo hay que decirlo, sino las diferentes aproximaciones que tenían EE.UU. y Japón sobre un mismo concepto.

Si os fijáis, en las películas japonesas, ninguno de los monstruos llega a ser aniquilado por completo. Muchos vuelven al fondo del mar o se echan una siestecilla dentro de las montañas. En cambio, en las versiones de Hollywood, ya sea Godzilla, ya sea King Kong (que también aparece en las pelis de Japón de manera muy racista, pero eso es otro tema… y eran otros tiempos…), la cosa es que al final se los cargan a todos. ¿Y por qué? Me alegro que me hagas esa pregunta: resulta que en la visión de los japoneses, aunque Godzilla nazca de la bomba nuclear (o era nucelar… bueno, da igual), Godzilla representa, en el fondo, las fuerzas de la naturaleza.
Godzilla es un huracán, es un terremoto, es el que te menea en la discoteca… No, en serio, Godzilla nunca muere porque en el fondo, como todo en la vida y en la naturaleza, las cosas no desaparecen, simplemente dejan de doler. Ya sabes, los japoneses, que son muy sentidos y están de taoísmo hasta las cejas.

En cambio los yankis… Bueno, pues eso, yankis. Para los americanos Godzilla representa “el mal del exterior” y ellos como país con un buen ra… digo, ego.
Tienen la certeza de que pueden lidiar hasta con los desastres naturales.

Dicho esto, creo que todos deberíamos de ver, de vez en cuando, una película de Godzilla. Godzilla es tu amigo, salvo en algunas películas, como la primera, que es un ser de la destrucción, y en el fondo, junto con Mothra (la polilla esa gigante que da mazo de yuyu pero luego dices “qué maja es”) vienen a salvarte ese día gris que has tenido hoy tras estudiar las obras de Ozu.
¡Ah! Y os dejo una obra que es pura fantasía: Bambi meets Godzilla.

Mikel S. Galarza

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