Tágarath entró al ascensor enfadado. Tras
cinco meses de burocracia llegaba el día de decidir qué se iba a hacer. Otros
miembros del comité fueron subiendo al ascensor en las plantas anteriores al
destino final: la cúpula del Congreso Galáctico. Con más o menos prisa los
políticos y activistas fueron entrando a la gran cámara y tomando sus sitios.
Una bóveda transparente dejaba ver el centro de la galaxia en todo su
esplendor, y alrededor de la Estación Espacial Móvil del Congreso flotaban las
naves procedentes de los pocos sistemas estelares habitados que conformaban la
Alianza.
Tágarath tomó asiento. Se acomodó en su
escaño y miró su reloj. La sesión, como cabía esperar, empezaría tarde. Su
compañera llegó con la siguiente tanda de congresistas. Se sentó a su lado en
silencio.
- Temo que la decisión ya esté tomada y nuestra presencia aquí sea un mero trámite.
- Si eso fuera así no habrías venido.- Sariara
miró a Tágarath desafiante.
- Tú no te rindes.
- No.
Tágarath miró a los últimos políticos
llegar a sus asientos.
- Porque si yo me rindo, hemos perdido.
El murmullo se apagó en el Congreso. La
presidenta de la cámara, una elfa del cosmos, se puso en pie. Su voz llegó
traducida a los oídos de sus compañeros a través de los comunicadores de último
diseño.
- Comienza la sesión excepcional del Congreso
Galáctico. Señorías, de la decisión
que tomemos hoy depende el futuro de
nuestra galaxia, pero no podemos
permitirnos perder más tiempo: la amenaza
interestelar que se cierne sobre
nosotros está cada día más cerca. Tiene la
palabra el líder de la Unión de Sistemas
Exteriores.
- Gracias presidenta. Es innegable que la
fuerza que se aproxima a nuestra galaxia
tiene intención de invadirnos. Hemos
visto sus estragos en Andrómeda y sabemos
que se repetirán aquí si no lo
impedimos. Desde la Unión hemos propuesto un plan
de acción y muchos nos han
escuchado. Traemos hoy esta solución para pedir la
aprobación del Congreso.
Hubo un rumor generalizado bajo la cúpula de estrellas.
- Tenemos un arma poderosa: los humanos de la Tierra,
el tercer planeta del cuarto
sistema de la Unión, son la especie más letal de
nuestra galaxia. Su afán de
conquista y su instinto violento les han llevado a
formar una de las civilizaciones
más poderosas jamás conocidas; la única que ha
puesto en jaque a la Alianza
Galáctica en toda su historia. Dos milenios de
cuarentena han dejado a los humanos
bajo nuestro control tras su derrota en la
Guerra Galáctica. Usémoslos ahora.
Dejemos que esta fuerza destructiva nos
defienda y pague así sus deudas.
Nadie mandó callar el clamor que se formó.
- Tiene ahora la palabra el líder de la
Coalición de Colonias Centrales.
Sariara sonrió a Tágarath, animándolo.
- Señorías, todos tenemos miedo. Es un miedo
justificado. Las imágenes que han
llegado de Andrómeda son terroríficas: más de
un tercio de las estrellas consumidas
hasta deshacerse en nubes oscuras de gas,
y sus planetas desintegrados sin dejar
rastro. Bastan para hacer temblar a la
Alianza entera.
La Alianza ya ha temblado así antes. La
Guerra Galáctica nos queda lejos a todos,
incluso a aquellos de ustedes que han
vivido más. Pero los hologramas y los relatos
están ahí. Quienes quieran
recordar pueden ver de primera mano lo que significó
ese conflicto.
Hay quienes creen que este es el motivo por
el que deberíamos aprovechar la
fuerza de los humanos. Nada más lejos de la
realidad. Señorías, la especie de la
Tierra es singular en muchos aspectos. He
dedicado la mitad de mi vida a
estudiarla, a conocer sus costumbres, su
historia y su funcionamiento. Lo saben
bien: los humanos son la única especie
de toda la galaxia que ha tenido guerras
internas, los únicos que se han
dedicado a torturar y masacrar a los suyos por
diversión. Es posible, casi
probable, que los humanos derroten a la amenaza que
nos acecha si les damos la
oportunidad y los recursos necesarios. Pero una vez
hayan terminado, volverán
contra nosotros. Los humanos no olvidan: la venganza
guía sus actos. Si
levantamos su cuarentena y les damos armas ahora, mañana
estarán en esta sala,
llenándola de sangre.
Tágarath se sentó, desplomándose sobre su
asiento. Algunos aplaudieron; muchos permanecieron en silencio. Hubo más
intervenciones. Ninguna respaldó la posición de la Coalición de Colonias Centrales.
* * *
Por poco más de dos tercios se aprobó el uso
de los humanos como fuerza de choque contra el invasor. Fueron enviados al
espacio entre la Vía Láctea y Andrómeda para usarlo como campo de batalla. La
guerra fue larga e intensa, pero los humanos vencieron. La flota volvía a su
galaxia de origen.
- ¿Y ahora?- preguntó el teniente mayor al
general supremo - ¿Qué rumbo
tomamos?
El general miró el mapa de la Vía Láctea. La
Estación Espacial Móvil del congreso atravesaba uno de los sistemas exteriores.
- La deuda está saldada, ¿no? Volvemos a casa.
Ernesto G.R.
Sanabria

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